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Claudio Bernabé. AI Specialist: “Empecemos a darle un futuro a las personas y no tanto a la IA”

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la ia y las personas

Se habla mucho de la IA, de las automatizaciones, agentes, IA agéntica, pero nadie habla de las personas usando la IA. Me cuesta mucho ver un mundo que en 15-20 años esté gestionado en su mayoría por máquinas: hay miedo, juicios morales necesarios y, sobre todo, una falta de madurez en esta tecnología muy importante.

Artículo escrito por Claudio Bernabé Fernández.
AI & Automation Specialist | PMO | Integración Low-Code, Arquitectura LLM y Estrategia de Negocio

Quiero comenzar con una frase que vamos a tachar de propaganda: “La IA no es el futuro”. Para entender esta frase necesito poner en el centro de la mesa a mi padre, sí, a mi padre, una persona que no tiene ni idea de ordenadores y, aún menos, de IA.

Mi padre, como tal, es un experto en muchas cosas: entiende, ve y resuelve problemas sobre instalaciones eléctricas en menos tiempo de lo que otra persona abre ChatGPT, Claude o la IA bonita de turno.

Mi padre tiene todos los días la misma rutina. Se levanta, se toma una ducha rápida y desayuna. Después, bien vestido, como le gusta a él, se va al trabajo y comienza con las pequeñas gestiones administrativas; obligado y de mala gana. Finalmente se pone a lo suyo, a usar ese sofisticado instinto curtido en mil batallas.

Una “paradita técnica” para el café y… espera, aquí. Este es el punto que quería, esto que hacemos tanto los humanos: descansar. Pero ¿por qué una publicación sobre IA y las personas me habla del descanso para el café del padre de una persona de cuyo nombre no me acuerdo?

Porque precisamente para hablar de la herramienta más sofisticada que ha existido hasta la fecha en la faz de la Tierra (el cerebro humano), es importante entender cómo funciona en su mejor momento.

El cerebro humano tiene una mala costumbre: no parar jamás. En este descanso que se tomó mi padre, sistemático pero fundamental, ha logrado resolver problemas que muchas veces no pudo resolver en horas o días. Como por arte de magia, el cerebro lo resuelve. Esto sucede porque se relaja la red ejecutiva central del cerebro (lo que la IA hace muy bien), centrada en lógica lineal y enfoque analítico, para, inmediatamente, activarse la red neuronal por defecto (lo que hace la IA muy mal). Esto es lo que nos da, entre otras cosas, la creatividad, dándole la potencia a mi padre de usar sus 60 años de vivencias en la “ventana de contexto”.

“El cerebro humano no para jamás”

Esto último es lo que se llama pensamiento horizontal y, como mencioné, no se logra replicar. La cantidad de insumos que recopila un cerebro es insultante para cualquier superordenador. También es importante saber que no existe una previsión a corto o medio plazo de poder hacerlo.

Existen soluciones como la computación neuromórfica (ordenadores hechos con neuronas artificiales), pero siguen estando muy lejos de replicar nuestro cerebro. La intervención de las emociones, la plasticidad y la cantidad de insumos necesarios hacen que nuestro cerebro siga siendo, en pocas palabras, superior en muchas tareas.

Pero volviendo al caso, el ritual de mi padre y su impacto en el rendimiento es crucial. Esta historia es el reflejo de cómo los pequeños rituales no se están tomando en cuenta con el peso que se merecen. Este café que tomó mi padre no es un plus que te da la empresa, es la propia evolución demostrando, una vez más, que los humanos tenemos cuerda para rato.

Pero llegados a este punto, limitarse a un café es poco. ¿Y responder correos repetitivos? ¿Y hacerle una broma más que trillada a tu compañero de trabajo? ¿Y perder el tiempo mirando por la ventana? Cualquier acto ocioso que libere el foco abre un mar de posibilidades que, junto a un gran conocimiento y devoción por la tarea central, es el SOTA de la resolución de problemas.

Como soy un humano (lo prometo) y la predicción de sucesos es parte de mi ADN, me dispongo a escribir el futuro de la humanidad.

“Lo que quieres es poder pensar”

Apunto a que habrá dos tipos de trabajos: los que requieran que la cantidad de experiencias y formación te den la suficiente amplitud de visión como para abarcar problemas complejos y estar por delante de la IA o estar revisando tareas ocho horas al día, cinco días a la semana.

Quizás te llama la atención el primer perfil, porque es lo que quieres: poder pensar. Pues, aun sin ser más que un aficionado de la vida, apuesto por varios aspectos que van a ser cruciales. La formación comenzará a potenciar la inteligencia fluida con la clásica prueba-error, lo que se entiende por resolver problemas sin tener ni idea. Crear estas interconexiones en edades tempranas va a desarrollar la habilidad de resolver un problema sin tener el foco puesto sobre él.

Por otro lado, la inteligencia emocional será la joya de la corona (pero si empiezo a escribir sobre el tema no paro).

Y, por último, vivir una vida plena. Con esto quiero decir que la mejor lección es vivir, vivir experiencias muy distintas y razonar sobre ellas, comenzar proyectos, sentir emociones, quizás empezar un máster… Lo que se llama vivir.

Aunque existen muchos puntos que se podrían tratar, creo que se puede asentar por mi parte un precedente para que, como sociedad (o por lo menos tú), empecemos a darle un nuevo foco al futuro de las personas, y no tanto de la IA.

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